No hay un verde como el verde esmeralda.
No es el verde de las hojas, ni de la hierba, ni del cristal marino. Es un verde más intenso: rico, saturado y tan vivo que te deja sin aliento. Cleopatra lucía esmeraldas. Los emperadores mogoles las grababan con versículos sagrados y las llevaban como talismanes. Los incas las consideraban sagradas. Durante miles de años, en civilizaciones que nunca se conocieron, la gente contemplaba una esmeralda y comprendía de inmediato que se trataba de algo extraordinario.
Nuestras pulseras de esmeraldas te permiten lucir esta piedra en la muñeca: naturales, extraídas de la tierra, engastadas en oro macizo de 14 quilates sobre un fino cordón de nailon y elaboradas a mano en Europa. Una gema con una de las historias más antiguas de la cultura humana, que se lleva tal y como debe llevarse la joyería: todos los días.